En la era de la inteligencia artificial (IA), donde las decisiones críticas de nuestra vida cotidiana están cada vez más influenciadas por algoritmos, la preocupación por la equidad y la imparcialidad se vuelve vital. De hecho, la manera en que estas tecnologías son diseñadas e implementadas puede determinar si las personas con discapacidad y otros grupos marginados reciben el reconocimiento y la atención que merecen. A medida que la IA se convierte en una herramienta omnipresente en ámbitos como la educación, el empleo y la atención médica, es esencial garantizar que su desarrollo incluya la diversidad de experiencias humanas, especialmente aquellos que han sido históricamente excluidos.
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